Un hechizo es un acto mediante  el cual se busca someter la voluntad de otra persona o modificar el destino, a través del uso de pócimas, filtros, fórmulas y brebajes mágicos.

En muchos casos, requiere de encantamientos y embrujos, que provocan una atracción misteriosa e irresistible sobre los demás. En otros, su acción apunta a torcer el porvenir y atraer la buena suerte o un determinado objeto de deseo.

Cuando el propósito del hechizo es para fines benéficos o altruistas, se lo denomina magia blanca.  En cambio, cuando se emplean medios inmorales o se busca causar daño, recibe el nombre de magia negra. Cuando su intención es revelar el futuro se le llama sortilegio aunque para esto, posiblemente, una tirada de tarot sea de gran ayuda.

Por su parte, los conjuros implican la invocación de un espíritu o ser sobrenatural para que se manifieste e interceda a nuestro favor. Para ello, se utilizan frases mágicas, que en general esconden una rima o un significado secreto.

Una de las palabras más populares empleadas para este fin es “Abrakadabra” o “Abracadabra”, la cual se suele escribir en diez filas sucesivas, cada vez con letra menor, con el objetivo de formar un triángulo.

El origen de este vocablo es muy antiguo y hay muchas hipótesis sobre su significado. Se cree que tiene poderes curativos y que, bien utilizado, sirve para atraer a espíritus benevolentes.

Conjuros del más allá

Invocar a un espíritu es una tarea delicada, arriesgada y sólo debe hacerse en casos de verdadera necesidad. Perturbar la tranquilidad de un ser del más allá como parte de un juego, para ver qué ocurre o por simple diversión puede traer consecuencias gravísimas e inesperadas.

Lo ideal es que este trabajo sea realizado por un especialista en la materia, para evitar sorpresas desagradables y efectos contrarios a los deseados.

En los conjuros, se le pide o exige a una entidad sobrenatural el cumplimiento o concreción de un deseo.  En general, cuando se realiza un llamado, se le solicita al ánima que se manifieste, que diga su nombre y cuáles son sus poderes.

Uno de los principales riesgos que se corren es que otros espíritus no deseados acudan a la cita, o que la entidad surgida se haga pasar por otra para engañar a la persona que realiza el conjuro.

Por ese motivo siempre es recomendable ser muy cautelosos en el trato con ellas, para evitar caer en trampas o acceder a pedidos que luego nos resultarán muy caros de cumplir o pagar.

Hechizos y conjuros de magia blanca

Para evitar situaciones peligrosas, lo ideal es que sólo utilicemos hechizos y conjuros de magia blanca. Es decir, que realicemos nuestros rituales, embrujos y encantamientos para hacer el bien.

Los hechizos pueden dividirse en dos tipos: directos e indirectos. En el primer grupo, están los que implican un contacto con la persona cuya voluntad se intenta someter. Por ejemplo, son aquellos en que se requiere que ésta beba una pócima o un filtro especial para lograr un determinado resultado.

En cambio, en el segundo grupo se obra a distancia y la persona en cuestión no sabe que estamos actuando sobre ella. En estos casos, se suelen utilizar elementos que la simbolizan, como fotos, cabellos, ropas o muñecos.

Los hechizos de magia blanca trabajan a través del movimiento y la transformación de la energía que nos rodea, con la intención de colocarla a nuestro favor. De allí viene la famosa frase que dice que “el universo conspira a nuestro favor” para la concreción de determinadas metas.

Sin embargo, en todos los casos la energía más importante y poderosa es la que se encuentra dentro de nosotros. Esa es la que más debemos generar para que nuestros deseos se hagan realidad. Sin ella, ni toda la magia del mundo surtirá efecto.   

Conjuros mágicos

A la hora de realizar un conjuro mágico, no basta repetir solamente las palabras adecuadas en el orden estipulado. También se requiere un lugar y una atmósfera convenientes y que la persona que lleve a cabo la invocación esté preparada correctamente.

Una forma tradicional de realizar un conjuro mágico es a través del uso de velas negras. Para ello, enciende seis en el suelo y colócalas en forma de cruz. Luego, sobre una cartulina blanca, dibuja un pentagrama.

Con sal marina forma un círculo en el suelo, dejando espacio para las velas, la cartulina y tu cuerpo. Apaga las luces de la casa, cierra las ventanas y siéntate dentro del  círculo.

Una vez allí, pide a la entidad que se manifieste apagando una de las velas. Si recibes alguna señal, conversa con ella en forma respetuosa y haz tu pedido. Como ofrenda puedas colocar un pedazo de carne cruda sobre el pentagrama.

Una vez terminado el conjuro, agradécele al espíritu por su presencia y pídele que se retire. Por último, toma una Biblia y reza unos quince minutos antes de romper el círculo y apagar las velas.

Conjuros de brujas

Hay un antiguo dicho que dice que las brujas no existen… pero que las hay, las hay. Las brujas son especialistas en realizar conjuros y es mucho más seguro dejar que sean ellas quienes lleven a cabo la invocación de un espíritu.

Si necesitas ayuda, atraer dinero, recuperar una pareja, encontrar el verdadero amor, superar un problema, conseguir un nuevo trabajo o tener buena suerte, siempre es preferible recurrir a los servicios de una experta, que intentar comunicarte con una entidad por tus propios medios.

Las brujas no son viejas malignas con verrugas, sombrero y que vuelan en escoba. Son mujeres normales con un don especial, que lo utilizan para ayudar a los demás. En caso de necesidad, están allí para echarte una mano.

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